Andrew Tomchyshyn

foto Andrew Tomchyshyn

domingo, 4 de agosto de 2013

El pueblo marroquí consigue que se revoque el indulto al pederasta español que solicitó Juan Carlos I de Borbón

En España estamos cerrados por vacaciones, pero el pueblo de Rabat no. Y ahí los tenemos, apaleados, sangrantes, pero fieros, y victoriosos.
Noble lucha contra la libertad de un pederasta con pasaporte español, Ahora en paradero desconocido .
Su rey, amigo del rey de España, ha revocado un vergonzoso indulto, algo que no tiene precedente.
El Rey Juan Carlos I de España, da problemas allá por donde va. El Rey Juan Carlos I de Borbón, es un estorbo,una vergüenza que debería ser alejada de la vida pública.¡¡ Fuera el Rey Juan Carlos!! ¡¡Fuera toda la Casa Real Española!!






 fuente de las fotos El País


sábado, 3 de agosto de 2013

Michael Tippett-Oratorio de Un chico de nuestro tiempo,en memoria de H.Grynszpan-dir. Simon Rattle




Sir Michael Tippett (Londres 1905 - Londres 1998) respondió profundamente a los acontecimientos mundiales que le tocó vivir: Primera Guerra Mundial, Gran Depresión, ascenso del Nazismo, Segunda Gran Guerra... Militó en el radicalismo político, organizó la South London Orchestra of Unemployed Musicians (Orquesta de músicos desempleados); durante una temporada trabajó en las minas al norte de Inglaterra...
Gradualmente, llegó a sentir que en algún momento debería expresar mediante sus composiciones su solidaridad con los desfavorecidos y oprimidos. En primer lugar consideró la posibilidad de componer una ópera basada en la rebelión de Pascua de Irlanda de 1916, pero pronto desechó la idea.
Más tarde, el ascenso de la ideología nazi y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, le movió a componer una obra tomando como modelo las Pasiones de Bach y el Mesías de Händel. De este modo compuso un oratorio de tres partes, usando los típicos métodos barrocos, como el recitativo para la narración, arias y conjuntos culminando en espirituales negros. Los espirituales fueron los mejores elementos del siglo XX que encontró equivalentes a las corales luteranas de la época de Bach.
Tippett tomó el título para la obra de una novela del escritor antinazi Odon von Horvath "Ein Kind unserer Zeit" (1938), pero planificó la obra de modo que no estuviera ligada a una época concreta. La Parte I trata del estado general de la opresión en nuestro tiempo. La Parte II presenta la historia de un joven que intenta alcanzar la justicia mediante la violencia y la Parte III desarrolla la moraleja que se deduce de ello.(seguir leyendo aquí)



esta obra la compuso  en recuerdo de Herschel Feibel Grynszpan, joven judío que atentó y mató en París a  un diplomático nazi,  y desencadenó la furia nazionalsocialista de los paramilitares nazis "camisas pardas" quemando libros y obras de arte, en lo que se llamó La Noche de los cristales rotos, en diferentes ciudades alemanas y ocupadas, ante la impasible mirada de las autoridades nazis. 

el torpor de la Pepona-los bikinis abrieron la mente (sic)

publico de nuevo esta entrada por problemas técnicos

de vergüenza ajena lo que se lee como argumento para consentir la camorra de Eurovegas
aquí el enlace al blog de la mondonga

Vladislav F. JODASEVICH (1868-1939)

Vladislav F. JODASEVICH (1868-1939) La Mona


El calor era feroz. Grandes bosques estaban incendiándose.
El tiempo arrastraba los pies en el polvo. Un gallo cacareaba
en un terreno cercano.
Mientras abría
el portón de mi jardín vi a un costado del camino
un vagabundo Serbio dormido sobre un banco
su espalda apoyada contra las empalizadas. Era magro
y muy negro, y a lo largo de su semidesnudo torso
colgaba una pesada cruz de plata, que jugueteaba
con el goteante sudor.
Encima del cerco que estaba sobre él,
ataviado con una enagua carmesí, su mona
estaba sentada mordisqueando ávidamente las polvorosas
[hojas
de un arbusto; un collar de cuero
estirado hacia atrás por la pesada cadena se hundía
profundo en su cuello.
Oyéndome pasar, el hombre
se revolvió, se limpió la cara, y me pidió algo de agua.Tomó
un sorbo para ver si la bebida no estaba
demasiado fría, y colocó un platillo
sobre el banco, e, instantánemente, el mono
se deslizó hacia abajo y tomó el platillo con ambas manos
hundiendo los pulgares; entonces, sobre las cuatro patas,
[bebió,
sus hombres presionando sobre el banco, su mentón
tocando las tablas, su espinazo arqueado más alto
que su pelada cabeza. Así, seguramente, hizo Darío
agachándose sobre un charco del camino mientras huía
de las estruendosas falanges de Alejandro.
Cuando la última gota fue sorbida la mona barrió
el platillo del banco, y alzó su cabeza,
y me ofreció su pequeña mano negra y mojada.
Ah, he estrechado los dedos de grandes poetas,
líderes de hombres, mujeres claras, pero ninguna mano
había sido tan exquisitamente moldeada
ni había tocado la mía con tal emoción de familiaridad,
y los ojos de persona alguna habían mirado dentro de mí
con tan profunda sabiduría… Leyendas de eras perdidas
se despertaron en mí gracias a esa deslucida bestia
y de repente vi la vida en su plenitud
y con un tropel de viento y olas y mundos
la música de órgano del universo
detonó en mis oídos, como había hecho antes
en bosques inmemoriales.
Y el Serbio
entonces siguió su camino golpeando su tamborín:
sobre su hombro izquierdo, como un príncipe Indio
sobre un elefante, se balanceaba su mona.
Un inmenso sol carmesí pero sin sol
colgaba en la lechosa niebla. El sofocante verano
fluía interminablemente sobre el trigo marchito.
Ese día se desató la guerra, ese mismo día.

 fuente

viernes, 2 de agosto de 2013

Albert CAMUS-una respuesta a Gabriel Marcel, en Moral y Política


(RESPUESTA A GABRIEL MARCEL)
(Combat, diciembre de 1948).



Sólo responderá aquí a dos pasajes del artículo que usted dedicó a El estado de sitio, en Les littéraires. De ningún modo quiero contestar a las críticas que usted, u otros,le hicieron a esa pieza en tanto obra teatral. Cuando alguien se arriesga a presentar un espectáculo o a publicar un libro, se expone a ser criticado y debe aceptar la censura de su tiempo. Es preciso, entonces, callar, aunque se tenga algo que decir.
Sin embargo, usted ha rebasado sus privilegios de crítico al asombrarse de que una pieza sobre la tiranía totalitaria hubiera sido situada en España, cuando usted la vería mejor en los países del Este. Y me concede definitivamente la palabra al escribir que hay en ella falta de coraje y de honestidad. Es cierto que usted es demasiado bueno al pensar que no soy responsable de esa elección (traduzcamos: es el malvado Barrault, ya tan cubierto de crímenes). La desgracia es que el drama transcurre en España porque yo lo decidí, y decidí solo, tras reflexión, que transcurriera, en efecto, allí. Debo, entonces, hacer caer sobre mí sus acusaciones de oportunismo y deshonestidad. No se extrañará de que, en tales condiciones, me sienta obligado a responder.
Probablemente, por otra parte, no me defendería de esas acusaciones (¿ante quién justificarse esohoy?), si usted no hubiera tocado un tema tan grave como el de España. En verdad, no tengo ninguna necesidad de decir que no busqué adular a nadie al escribir El estado de sitio. Quise atacar de frente un tipo de sociedad política que se ha organizado, o se organiza, a derecha y a izquierda, sobre el modelo totalitario. Ningún espectador de buena fe puede dudar de que esta obra toma el partido del individuo, de la carne en lo que ella tiene de noble, del amor terrenal, en fin, contra las abstracciones y los terrores del Estado totalitario, ya sea ruso, alemán o español. Graves doctores meditan a diario sobre la decadencia de nuestra sociedad buscándole profundas razones. Esas razones existen, sin duda. Pero para los más simples de nosotros, el mal de la época se define por sus efectos, no por sus causas. Se llama Estado, policía o burocrático. Su proliferación en todos los países, bajo los más diversos pretextos ideológicos, la insultante seguridad que le dan los medios mecánicos y psicológicos de la represión, lo convierten en un peligro mortal para lo que hay de mejor en cada uno de nosotros. Desde este punto de vista, la sociedad política contemporánea, no importa su contenido, es despreciable. No he dicho nada más que esto, y es por ello que El estado de sitioes un acto de ruptura que no quiere perdonar nada.
Dicho esto con claridad, ¿por qué España? Debo confesarle que siento un poco de vergüenza al formular en su nombre esta pregunta. ¿Por qué Guernica, Gabriel Marcel? ¿Por qué esa cita donde por primera vez, ante un mundo todavía adormecido en su comodidad y en su miserable moral, Hitler, Mussolini y Franco mostraron a los niños lo que es la técnica totalitaria? Sí, ¿por qué esa cita que también nos concernía a nosotros? Por primera vez los hombres de mi edad vieron la injusticia triunfante en la historia. La sangre inocente corría entonces en medios de una gran charlatanería farisaica que, precisamente, aún dura. ¿Por qué España? Porque somos de los que no se lavará las manos ante esa sangre. Cualesquiera que sean las razones del anticomunismo -y conozco algunas muy buenas-jamás lo aceptaremos si se abandona a sí mismo al punto de olvidar esta injusticia que se perpetúa con la complicidad de nuestros gobernantes. Dije, tan alto como puede, lo que pensaba de los campos de concentración rusos. Pero ellos no me harán olvidar Dachau, Buchenwald y la agonía sin nombre de millones de hombres, ni la horrible represión que diezmó a la república española. Sí, a pesar de la conmiseración de nuestros grandes políticos, es todo eso, en conjunto, lo que hay que denunciar.
Y no voy a disculpar esta peste terrible en el Oeste de Europa, por que causa estragos en el Este, sobre extensiones más grandes. Usted escribe que, para quienes están bien informados, no es de España de donde llegan en estos momentos las noticias más apropiadas para desesperar a los que aprecian la dignidad humana. Está mal informado, Gabriel Marcel.
Precisamente ayer, cinco opositores políticos fueron condenados a muerte en España. Pero, cultivado el olvido, usted ya se preparaba para estar mal informado. Usted ha olvidado que en 1936, un general rebelde se sublevó, en nombre de Cristo, a un ejército de moros para arrojarlos contra el gobierno legal de la República española, hizo triunfar una causa injusta tras inexplicables matanzas y comenzó, a partir de ese momento, una atroz represión que ha durado diez años y que no ha terminado todavía. Sí, en verdad, ¿por qué España? Porque, como muchos otros, usted ha perdido la memoria.
Y además porque, igual que a un pequeño número de franceses, me sucede también que no estoy orgulloso de mi país. No sé que Francia haya entregado jamás opositores soviéticos al gobierno ruso. Eso llegará, sin duda; nuestras élites están dispuestas a todo. Pero en cuanto a España, por el contrario, ya hicimos muy bien las cosas. En virtud de la cláusula más deshonrosa del armisticio entregamos a Franco, por orden de Hitler, republicanos españoles, entre ellos al gran Luís Companys. Y Companys fue fusilado gracias a ese horrendo comercio.
Era Vichy, por supuesto, no éramos nosotros. Nosotros solamente habíamos encerrado, en 1938, al poeta Antonio Machado en un campo de concentración, del que salió para morir. Pero
cuando el Estado francés funcionaba como reclutador de los verdugos totalitarios ¿quién levantó la voz? Nadie. Es que, sin duda, Gabriel Marcel, los que hubiera podido protestar encontraron como usted que todo eso carecía de importancia al lado de lo que más detestaban en el sistema ruso. Entonces ¿no es cierto? ¡un fusilado más o menos...! Pero el rostro de un fusilado es una mala llaga y la gangrena termina que meterse en ella. La gangrena ganó.
¿Dónde están los asesinos de Companys? ¿En Moscú o en nuestro país? Hay que responder: en nuestro país. Hay que decir que nosotros fusilamos a Companys que somos responsables de lo que vino después. Hay que declarar que nos humillamos y que la única manera para nosotros de reparar lo hecho será mantener el recuerdo de una España que fue libre y que nosotros traicionamos, como pudimos, desde nuestra posición y a nuestra manera, ambas mezquinas. Es cierto que no hay ninguna potencia que no la haya traicionado, salvo Alemania e Italia que fusilaron a los españoles de frente. Pero esto no puede ser un consuelo y la España libre sigue, con su silencio, pidiéndonos una reparación. Hice lo que pude, con mis modestos medios, y es eso lo que lo escandaliza. Si hubiera tenido más talento, la reparación hubiera sido mayor, he aquí todo lo que puedo decir. Transigir habría sido cobardía y engaño. Pero no seguiré con este tema y haré callar mis sentimientos por consideración a usted. A lo sumo, podía decirle que ningún hombre sensible hubiera debido asombrarse de que teniendo que elegir hacer hablar al pueblo de la sangre y de la altivez para oponerlo a la vergüenza y a
las sombras de la dictadura, haya elegido al pueblo español. 
Realmente, no podía elegir al público internacional del Reader’s Digest o a los lectores de Samedi-Soir y France-Dimanche.
Pero, sin duda, a usted le corre prisa porque explique, sin duda, el papel que le adjudiqué a laiglesia. Sobre este punto seré breve. Usted halla que ese papel es odioso, en tanto que en mi novela no lo era. Pero debía, en mi novela hacer justicia a mis amigos cristianos que encontré, bajo la ocupación en una lucha justa. Por el contrario, en mi drama debía decir cuál fue el papel de la iglesia de España. Y si lo pinté odioso es porque a la faz del mundo, el papel de la iglesia de España fue odioso. Por Dura que esta verdad le resulte, se consolará pensando que la escena que le molesta sólo dura un minuto, en tanto que la que ofende todavía la conciencia europea dura ya diez años. Y la iglesia entera estaría mezclada en el increíble escándalo de obispos españoles bendiciendo los fusiles de la ejecución, si desde los primeros días dos grandes cristianos, Bernanos, hoy muertos, y José Bergamín, desterrado de su país, no hubieran levantado la voz. Bernanos no habría escrito lo que usted escribió sobre este asunto.
Él sabía que la frase que termina mi escena: “Cristianos de España estáis abandonados” no agravia a su creencia. Sabía que si yo decía otra cosa o si callaba, habría entonces agraviado a la verdad.
Si debiera rehacer El estado de sitio, lo situaría de nuevo en España, ésta es mi conclusión. Y a través de España, mañana como hoy, sería claro para todo el mundo que la condena que contiene apunta a todas las sociedades totalitarias. Pero al menos, no sería a costa de una complicidad vergonzosa. Es así y no de otra manera, jamás de otra manera, como podremos conservar el derecho de protestar contra el terror. Es por ello que no puedo compartir su opinión cuando dice que nuestro acuerdo es absoluto en cuanto al aspecto político. Pues usted acepta silenciar un terror para combatir mejor otro terror. Y nosotros estamos entre los que no queremos silenciar. Es esta sociedad política, en su totalidad, lo que nos repugna. Y sólo habrá salvación cuando todos los que todavía valen algo la hayan repudiado por entero, para buscar, fuera de las contradicciones insolubles, el camino de la renovación. Hasta entonces hay que luchar. Pero sabiendo que la tiranía totalitaria no se construye con los meritos de los totalitarios, sino sobre los errores de los liberales. La frase de Talleyrand es despreciable, un error no es peor que un crimen. Pero el error termina por justificar el crimen y proporcionarle su coartada. El error desespera a las víctimas y es por ello que es culpable. Es esto, precisamente, lo que no puedo perdonar a la sociedad política contemporánea: que sea una máquina para desesperar a los hombres.
Usted ha de encontrar, sin duda, que es ésta mucha pasión para un motivo tan pequeño. Pero, déjeme hablar, una vez al menos, en mi nombre. El mundo en que vivo me repugna, pero me siento solidario con los hombres que en él sufren. Hay ambiciones que no son las mías y no estaría cómodo si debiera recorrer mi camino apoyándome en los pobres privilegios que se reserva a quienes se conforman con este mundo. Pero me parece que hay otra ambición que debería ser la de todos los escritores: atestiguar y clamar, cada vez que sea posible, y en la medida de nuestro talento, a favor de quienes están sojuzgados como nosotros. Es esta ambición lo que usted cuestionó en su artículo y yo no dejaré de negarle el derecho de hacerlo hasta que el asesinato de un hombre parezca no indignarle nada más que en la medida en que ese hombre comparte sus ideas.


jueves, 1 de agosto de 2013

mire, mire, Mr. Swift, aquí abajo foto de otra modesta proposición

Una modesta proposición:
Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una
carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público
[Sátira: Texto completo]
Jonathan Swift

Dublín, Irlanda, 1729
Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.
Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.
Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.
Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.
Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.
El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.
Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.
Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.
Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.
Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.
He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.
Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.
Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.
Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.
Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.
Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.
Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.
Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.
He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.
En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.
Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.
Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.
Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.
Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.
Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.
Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.
Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.
Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.
Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.
Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda. fuente del texto
 

 foto tomada del blog Las flores del cactus salen de tanto en tanto

martes, 30 de julio de 2013

Manning absuelto de ayudar al enemigo por la jueza Denise Lind


                                                       en abril 2012, tras dos años prisionero por publicar el video que se muestra más abajo
31 de julio 2013, condenado por espionaje, pero exculpado de ayudar al enemigo


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internacional.elpais.com/internacional/2013/07/30/actualidad/1375171107_532023.html